REPUBLICA · Mayo de 2026
Consumir bien también es un acto político
República Dominicana genera 4,700 toneladas de basura al día. Lo que dos negocios locales están haciendo al respecto, y cómo tú puedes sumarte.

Cada mañana, antes de que el café se enfríe, el teléfono ya entregó su dosis: un incendio forestal, una acusación de corrupción, una nueva estadística de pobreza, un video de un río que ya no existe. La información llega tan rápido y en tanta cantidad que el cerebro hace lo único que puede: normalizarla. Y con esa normalización llega algo más silencioso y más peligroso que la indignación: la impotencia. Esa sensación de que esto no está en mis manos, de que el bien común es una utopía hermosa que ninguno de nosotros puede sostener a solas.
Me incluyo. Crecí entendiendo que nuestras leyes tienen ideales que, en la práctica, no encuentran rumbo. Que hay una brecha enorme entre la república que imaginamos y la que habitamos. Y que, como buena dominicana, una aprende temprano que hay que resolver, porque esperar que el sistema solucione lo que el sistema no ha podido resolver durante décadas también es una forma de rendición.
Pero hay una diferencia entre esperar y actuar. Y buscando esa diferencia encontré el punto de partida más obvio y más ignorado: el consumo.
Sea poco o mucho, todos consumimos. Alimentos, servicios, experiencias. Y en esa acción cotidiana, tan pequeña que casi no la vemos como decisión, hay más poder del que creemos.
La República Dominicana genera aproximadamente 4,700 toneladas de residuos sólidos a diario en el Gran Santo Domingo. Durante más de treinta años, casi todo terminó en el mismo lugar: el vertedero de Duquesa, un espacio a cielo abierto que acumuló más de 35 millones de toneladas de residuos y, según datos del BID, afectó la salud y el medioambiente de 3.8 millones de residentes de la capital. Sus incendios periódicos cubrieron la ciudad de humo. Sus lixiviados contaminaron los ríos Isabela y Ozama. Comunidades ubicadas en un radio de tres kilómetros reportaron alergias, problemas respiratorios y enfermedades de la piel como consecuencia directa de vivir junto al mayor pasivo ambiental del país.
En febrero de 2026, el Gobierno inició la primera fase de transformación del vertedero. Es una noticia importante. Pero transformar un lugar no resuelve el problema de fondo: seguimos produciendo residuos sin un sistema real de separación, sin cultura de reciclaje y sin infraestructura suficiente para lo que ya generamos. Cambia el destino final. Lo que todavía no cambia es lo que ocurre en cada casa, cada restaurante y cada oficina antes de que la basura llegue a la calle.
Ahí entra el consumo consciente. Y ahí también algunos negocios dominicanos ya están haciendo lo que el sistema todavía no puede.
El primero que encontré fue Tierra Urbana, una empresa ubicada en Piantini que hace algo tan simple como necesario: va a tu casa, recoge tus residuos orgánicos en un cubo, los transforma en compost en su centro de compostaje y te los devuelve. El método se llama Bokashi, una técnica de fermentación que convierte restos de cocina en abono natural sin los olores ni la complejidad del compostaje tradicional. La membresía funciona por hogar en el Distrito Nacional, con recogida mensual o quincenal. No resuelve las 4,700 toneladas de residuos que se generan a diario. Pero sí resuelve lo que pasa dentro de tu apartamento, que es precisamente el único espacio sobre el que tienes control completo.
El segundo lo encontré sobre una mesa de madera, con una bebida fría en la mano, sin saber que el vaso que sostenía había sido una botella la semana anterior. Nocciona tiene más de 5,000 vasos en circulación hechos a partir de botellas de vidrio recicladas. No es un detalle decorativo: es una decisión operativa que transforma lo que llegó como envase en un objeto de uso cotidiano. Lo que estaba destinado al vertedero se convierte en vajilla. Lo que iba a acumularse vuelve.
Dos negocios. Dos decisiones distintas. La misma lógica: el residuo no es el final de algo, es el comienzo de otra cosa si alguien decide mirarlo así.
No estoy diciendo que el consumo consciente deba sustituir la política pública ni la responsabilidad institucional. Sería injusto con las comunidades que no tienen la opción de decidir dónde disponer su basura porque el sistema nunca ha llegado hasta ellas. Pero sí estoy diciendo que la impotencia, esa sensación de que nada de lo que hago importa, es un lujo que ya no podemos seguir pagando con inacción.
Consumir en Tierra Urbana no va a salvar el río Ozama. Pedir una bebida en Nocciona no va a cerrar todos los vertederos del país. Pero sí hace algo que la frustración de la mañana frente al teléfono no puede: convierte una decisión cotidiana en un voto por el tipo de ciudad que queremos habitar.
Y en un país donde el bien común todavía parece una utopía, eso no es poca cosa. Es, quizás, el único lugar por donde empieza.
¿Conoces otros negocios dominicanos con iniciativas de impacto ambiental o social? Escríbeme. Esta es la primera entrega de una serie.
Fuentes: BID / Blogs Agua: "Invertir en la transformación del vertedero de Duquesa" (2023); Presidencia de la República Dominicana: fase inicial de la transformación de Duquesa (febrero de 2026); Observatorio Municipal de la LMD: "Vertedero de Duquesa: consecuencias ambientales y sanitarias" (2017); Tierra Urbana: tierraurbana.do
Crédito de la foto: Yasmin Mercedes para RDE Digital. "Propuesta para convertir el vertedero de Duquesa en planta de generación eléctrica", mayo de 2025. rdedigital.com